lunes, 15 de junio de 2015

Lunes 15 de junio de 2015

 Marchaba cabizbajo hacia el auto, el fresco de este junio no es frío polar aunque a quienes me rodean les parece que sí. A medida que salía del patio y cruzaba por el caminito del pasto la penumbra se intensificaba y también lo hacía la soledad, ya no se escuchaban murmullos cercanos sino el ruido de las piedritas a medida que caminaba. Llegué al auto, en un sector del estacionamiento que ya estaba más cerca de lo desierto que del caos de las 6 de la tarde. Subo al auto y me tomo unos respiros mientras el motor empieza a andar y a calentarse. Pienso. Pienso profundamente. ¿Acaso estoy perdiendo el poco sentido de pertenencia que tenía? Pienso un poco más.
 Salen todos juntos los próceres, "¿qué estoy haciendo?", "¿no te da vergüenza?", "no hay salida" y otros clásicos del género autoflagelo. Nunca van a dejar de decirme que ellos me lo dijeron, que ellos sabían que iban a volver. Soy más fuerte y los callo, como lo hice hace una semana y tanto. Como lo hago cada vez que vienen de visita sin otro equipaje que la pesada crítica. OK. Escucho demasiado a los demás, ¿y? algúnos demás tienen más razón que otros. Todavía no soy bueno en eso de separar la paja del trigo, por eso cuando escucho a los que aconsejan bien me regocijo; sin embargo también escucho demasiado a los que me aconsejan mal, y después me lamento de haberme echado a perder de una forma tan pelotuda.
 Tal vez sea tiempo de ponerme firme y hacer el esfuerzo, siendo conciente que probablemente en algún flanco reciba una sacudida bastante fiera, y quién dice una gran violada del aprendizaje forzoso. Lo importante es saberlo, digerirlo, que no me agarre desprevenido. Muchas veces duele cuando uno no lo ve venir justamente, es duro, es picante. Hoy pago el costo de haber intentado ser por demás abarcativo e implacable, que bien puedo serlo. Cuando hago las cosas racionalmente soy implacable. No ahora, no cuando no tengo espacio para desplegar mis alas. No cuando el techo es más bajo que el cielo donde planea mi fe.
 No todo está perdido me dijeron hoy mis propios fantasmas, porque lo voy a intentar todo lo necesaria y sabiamente posible. No todo está perdido, pero sí tengo que armarme de muchísima paciencia.