lunes, 28 de julio de 2014

Declaración de mi Sentir


Declaración de mi Sentir





Dedicado a la mujer de mi vida


 Deseo explicar qué es lo que siento cuando pienso en mi alma gemela. Contar desde los días de azufre y vidrio molido, hasta el presente de éxtasis intenso que me anula la capacidad de escribir.
 La vida no es más que una sinusoide, de frecuencia y duración no establecida. Sus ciclos suelen variar mucho, pero existen. Así es como un día estás saboreando el más dulce estado de transición, y sin saberlo, tus rodillas están encadenadas a una ciénaga. Pueden ser momentos largos o cortos, eso nunca está pautado, solo opera bajo la lógica más absurda de la vida.
 La vida no tiene acreedores ni deudores, la vida da y recibe caprichosamente. La diferencia entre un rey y un indigente puede ser una noche, diez minutos, o tal vez una sonrisa.
 Algunos de los ciclos de la vida parecen ser eternos, doy fe de eso. Hubo un periodo de tiempo donde me arrastraba sobre mi dignidad, raspándola, hiriéndome más y más. Un tiempo donde no podía distinguir nada, solo veía miserias humanas. Me refugiaba en mis amigos como quien espera la muerte y solo desea sentir que no está solo. Una sensación demasiado horrible para ser real, me da escalofríos de solo recordarlo.
 Viví días donde parecía que ya no había una división de semanas, meses y años, era todo una gris tarde de domingo, uniforme en el tiempo. Eran días donde los buenos momentos eran anestesia y cada vez dudaba más de todo.
 Durante una parte muy oscura de mi vida me la pasaba viviendo del pasado, de recuerdos, de negación. En realidad no me la pasaba viviendo, porque eso no era vivir. Pensaba en cuanto había pasado desde la última vez que me había sentido protagonista de mi vida, y el tiempo iba borrando aquellos recuerdos uno por uno.
 Me gustaría aclarar que no soy ningún mártir, pero sí tengo que reconocer que cuando la vida se lo propuso, me ha dado duro y parejo.
 En alguna meseta, ya promediando la tarde de domingo que se robaba mi voluntad de vivir, pasó algo. Comenzó a agrietarse internamente la rutina. Uno nunca ve el momento de cambio hasta un tiempo después de producirse, yo no fui ninguna excepción.
 Recuerdo que no fue otra cosa que la misantropía la que me llevó al lugar que hoy me enorgullece ocupar. Fue discutir con una persona que nunca ocupó casillero alguno en mi espacio. Fue la hostilidad, y fue tu voz, sumándose a la mía, marcando un agradable precedente.
 Fue nuestro desprecio común hacia un tercero absolutamente irrelevante, que se fundió en una llave para abrir las puertas del diálogo. Esos primeros acercamientos cautos, fueron olas de calidez, que no me habían regalado jamás. Siempre recuerdo el nacimiento de esta relación por lo atípico que fue, no tuvo barreras.
 No había pasado siquiera un mes de cruzar palabras por privado y ya tenía una confianza casi plena en vos. Nunca voy a entender cómo lo hiciste, más sabiendo la coraza de ponzoña que me había crecido.
 Hablé con vos de absolutamente todo, constantemente. Te confesé cosas horribles que me definen sin que te aterres. Te mostré lo peor que tengo sin que eso te haga vacilar. Te banqué, te sentí parte de mí, te tuve miedo, te tuve respeto, te envidié, te quise dar fuerza, te traté de entender, te traté de caer bien, te di vergüenza, te quise mil veces, te recordé... por ese entonces hice de todo menos imaginarnos de otra forma que como amigos.
 Cuando pienso en todo lo que me diste desde el minuto cero, no entiendo como no te vi como una novia. Tal vez fue porque estabas en pareja, o tal vez haya sido porque no soy un desesperado, sino más bien una persona que creía que las cosas buenas eran para los otros.
 Después de haber pasado por varios ciclos de la vida, después de altibajos infartantes, estás junto a mí.
 Quiero decirte que todo me lleva a vos, Sabrina. Me acompañaste desde que te conozco, siempre me ayudaste a volver a mi lugar. Sin vos estaría perdido en el medio del océano tormentoso.
 Me regalaste sonrisas, caricias, compañía, fuerza, luz, felicidad, claridad y el triunfo sobre una sociedad mediocre a la cual no pertenecemos.
 Gracias a vos viví muchas experiencias nuevas, reviví otras no tan nuevas pero de un mejor modo, y a su vez siento que esto recién empieza. Todo a tu lado es intenso y fresco, todo es disfrutable, memorable, increíble.
 Te amo con todo mi ser, me encanta lo que sos, cada partícula de tu humanidad te define como esa persona brillante que no puede faltar en mi vida.
 Me fascina viajar junto a vos, sos la mejor compañera de rutas del mundo, me cuesta creer todo lo que vivimos juntos, los lugares y momentos que grabaste en mi memoria. Inclusive me encanta salir a comer con vos, siendo que soy una persona que detesta las comidas, aun así vos lo hacés algo lindo de compartir.
 Estoy completamente en deuda por tu apoyo y motivación permanente en todo lo que me propongo, o incluso en las cosas que dudo, ciertamente a veces creo que con la confianza que me das no existen los límites. Si no fuese por la energía que contagiás, no sé si hubiese tenido el valor para hacer muchas cosas que hice.
 Muchas veces hemos discutido porque dudás de tu propio alcance, y a veces me siento pobre de no poder trasmitirte eso que vos sí podés trasmitirme a mí. No tengo ninguna duda de tus capacidades, ni de tu nivel de persona. Sos el haz de luz más brillante de todos, sos sensible y frágil, pero a su vez sos fuerte y resistente. Tal vez tus defectos sean difíciles de apreciar porque tus virtudes son muy evidentes.
 Por todas esas cosas y mucho más a veces olvido el manojo de nervios que soy, y puedo ser mucho más. Tu presencia es el combustible que prende fuego las telarañas de mi mediocridad, me revive, me transforma.
 A tu lado perdí el miedo al fracaso y encontré el valor de mi grandeza, que no es más que un reflejo de todo lo que veo en vos e imito a mi manera.
 Si lo que siento por vos no es amor, no sé lo qué es el amor. Si lo que sentí varias veces no es preocupación, jamás estuve preocupado en la vida. Incluso hubo un tiempo en el que fuiste un horizonte tormentoso que me aterraba, donde tenía que tomar muchísimas decisiones muy pesadas y no me animaba ni a aparecer delante tuyo. Todo eso es parte de lo que te compone, todo lo que marcó nuestra relación desde que era una amistad hermosa hasta lo que es hoy, algo que es como un hijo para mí.
 Gracias a lo mucho que me motivás (y a veces a que te tengo un poco de miedo también) hice cosas que jamás hubiese creído posibles.
 Yo sé que a veces estás en la cordillera de la razón, y a veces también te encuentro cuando cruzo del otro lado de la misma. Sos más fiel que mi sombra.
 Me gustaría ser mucho más de lo que soy, y tal vez ser un poco más compatible con vos en algunas cosas. Ser más sociable por lo menos, no la cosa impresentable que soy. Sé que merecés mucho más de lo que demuestro, y también sé lo mucho que me esfuerzo por cambiar (aunque no se note tanto). Quiero ser el hombre de tu vida, estar cuando me necesites, hacerte feliz y poder compartir siempre las cosas más lindas del mundo, como lo es tu sonrisa... no sé cómo hacés, pero a veces me doy cuenta cuando sonreís de solo verte los ojos.
 Ojalá tengamos hijos y sean inteligentes, hermosos y buenos como sos vos. Por ahí yo les podría aportar un poco de no ponerse de mal humor salvo por el peronismo, pero en el resto de las cosas que salgan a vos...
 Gracias por confiar en mí y darme tantos meses de alegría y dicha, ojalá siempre esté a la altura de una mujer tan brillante como lo sos vos.
 Siempre te voy a apoyar y siempre voy a creer en vos, porque vos me enseñás todo el tiempo el valor de un montón de cosas, incluso de mí mismo, y también me gustaría poder hacerte apreciar lo fabulosa que sos vos, íntegramente.

 Te recontra mega súper-amo, Sabrina <3




Con cariño y mucha honestidad, Fede.

sábado, 5 de julio de 2014

05 de Julio de 2014

 A veces uno aprende a valorar las cosas cuando no tiene tiempo ni de tirarse un pedo y olerlo en paz. Así fue como aprendí a amar las mañanas de sábado lluvioso y pajiento solo por el hecho de ser tiempo de estar en stand-by un cacho.
 Aguante los pequeños momentos de calma absoluta.