A veces uno aprende a valorar las cosas cuando no tiene tiempo ni de tirarse un pedo y olerlo en paz. Así fue como aprendí a amar las mañanas de sábado lluvioso y pajiento solo por el hecho de ser tiempo de estar en stand-by un cacho.
Aguante los pequeños momentos de calma absoluta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario