Declaración de mi Sentir
Dedicado a la mujer de mi vida
Deseo explicar qué es lo que siento cuando
pienso en mi alma gemela. Contar desde los días de azufre y vidrio molido,
hasta el presente de éxtasis intenso que me anula la capacidad de escribir.
La vida no es más que una sinusoide, de
frecuencia y duración no establecida. Sus ciclos suelen variar mucho, pero
existen. Así es como un día estás saboreando el más dulce estado de transición,
y sin saberlo, tus rodillas están encadenadas a una ciénaga. Pueden ser
momentos largos o cortos, eso nunca está pautado, solo opera bajo la lógica más
absurda de la vida.
La vida no tiene acreedores ni deudores, la
vida da y recibe caprichosamente. La diferencia entre un rey y un indigente
puede ser una noche, diez minutos, o tal vez una sonrisa.
Algunos de los ciclos de la vida parecen ser
eternos, doy fe de eso. Hubo un periodo de tiempo donde me arrastraba sobre mi
dignidad, raspándola, hiriéndome más y más. Un tiempo donde no podía distinguir
nada, solo veía miserias humanas. Me refugiaba en mis amigos como quien espera
la muerte y solo desea sentir que no está solo. Una sensación demasiado
horrible para ser real, me da escalofríos de solo recordarlo.
Viví días donde parecía que ya no había una
división de semanas, meses y años, era todo una gris tarde de domingo, uniforme
en el tiempo. Eran días donde los buenos momentos eran anestesia y cada vez
dudaba más de todo.
Durante una parte muy oscura de mi vida me la
pasaba viviendo del pasado, de recuerdos, de negación. En realidad no me la
pasaba viviendo, porque eso no era vivir. Pensaba en cuanto había pasado desde
la última vez que me había sentido protagonista de mi vida, y el tiempo iba
borrando aquellos recuerdos uno por uno.
Me gustaría aclarar que no soy ningún mártir,
pero sí tengo que reconocer que cuando la vida se lo propuso, me ha dado duro y
parejo.
En alguna meseta, ya promediando la tarde de
domingo que se robaba mi voluntad de vivir, pasó algo. Comenzó a agrietarse
internamente la rutina. Uno nunca ve el momento de cambio hasta un tiempo
después de producirse, yo no fui ninguna excepción.
Recuerdo que no fue otra cosa que la
misantropía la que me llevó al lugar que hoy me enorgullece ocupar. Fue
discutir con una persona que nunca ocupó casillero alguno en mi espacio. Fue la
hostilidad, y fue tu voz, sumándose a la mía, marcando un agradable precedente.
Fue nuestro desprecio común hacia un tercero
absolutamente irrelevante, que se fundió en una llave para abrir las puertas
del diálogo. Esos primeros acercamientos cautos, fueron olas de calidez, que no
me habían regalado jamás. Siempre recuerdo el nacimiento de esta relación por
lo atípico que fue, no tuvo barreras.
No había pasado siquiera un mes de cruzar
palabras por privado y ya tenía una confianza casi plena en vos. Nunca voy a
entender cómo lo hiciste, más sabiendo la coraza de ponzoña que me había
crecido.
Hablé con vos de absolutamente todo,
constantemente. Te confesé cosas horribles que me definen sin que te aterres.
Te mostré lo peor que tengo sin que eso te haga vacilar. Te banqué, te sentí
parte de mí, te tuve miedo, te tuve respeto, te envidié, te quise dar fuerza,
te traté de entender, te traté de caer bien, te di vergüenza, te quise mil
veces, te recordé... por ese entonces hice de todo menos imaginarnos de otra
forma que como amigos.
Cuando pienso en todo lo que me diste desde el
minuto cero, no entiendo como no te vi como una novia. Tal vez fue porque
estabas en pareja, o tal vez haya sido porque no soy un desesperado, sino más
bien una persona que creía que las cosas buenas eran para los otros.
Después de haber pasado por varios ciclos de
la vida, después de altibajos infartantes, estás junto a mí.
Quiero decirte que todo me lleva a vos,
Sabrina. Me acompañaste desde que te conozco, siempre me ayudaste a volver a mi
lugar. Sin vos estaría perdido en el medio del océano tormentoso.
Me regalaste sonrisas, caricias, compañía,
fuerza, luz, felicidad, claridad y el triunfo sobre una sociedad mediocre a la
cual no pertenecemos.
Gracias a vos viví muchas experiencias nuevas,
reviví otras no tan nuevas pero de un mejor modo, y a su vez siento que esto
recién empieza. Todo a tu lado es intenso y fresco, todo es disfrutable,
memorable, increíble.
Te amo con todo mi ser, me encanta lo que sos,
cada partícula de tu humanidad te define como esa persona brillante que no
puede faltar en mi vida.
Me fascina viajar junto a vos, sos la mejor
compañera de rutas del mundo, me cuesta creer todo lo que vivimos juntos, los
lugares y momentos que grabaste en mi memoria. Inclusive me encanta salir a
comer con vos, siendo que soy una persona que detesta las comidas, aun así vos
lo hacés algo lindo de compartir.
Estoy completamente en deuda por tu apoyo y
motivación permanente en todo lo que me propongo, o incluso en las cosas que
dudo, ciertamente a veces creo que con la confianza que me das no existen los límites.
Si no fuese por la energía que contagiás, no sé si hubiese tenido el valor para
hacer muchas cosas que hice.
Muchas veces hemos discutido porque dudás de
tu propio alcance, y a veces me siento pobre de no poder trasmitirte eso que
vos sí podés trasmitirme a mí. No tengo ninguna duda de tus capacidades, ni de
tu nivel de persona. Sos el haz de luz más brillante de todos, sos sensible y
frágil, pero a su vez sos fuerte y resistente. Tal vez tus defectos sean
difíciles de apreciar porque tus virtudes son muy evidentes.
Por todas esas cosas y mucho más a veces
olvido el manojo de nervios que soy, y puedo ser mucho más. Tu presencia es el
combustible que prende fuego las telarañas de mi mediocridad, me revive, me
transforma.
A tu lado perdí el miedo al fracaso y encontré
el valor de mi grandeza, que no es más que un reflejo de todo lo que veo en vos
e imito a mi manera.
Si lo que siento por vos no es amor, no sé lo
qué es el amor. Si lo que sentí varias veces no es preocupación, jamás estuve
preocupado en la vida. Incluso hubo un tiempo en el que fuiste un horizonte
tormentoso que me aterraba, donde tenía que tomar muchísimas decisiones muy
pesadas y no me animaba ni a aparecer delante tuyo. Todo eso es parte de lo que
te compone, todo lo que marcó nuestra relación desde que era una amistad
hermosa hasta lo que es hoy, algo que es como un hijo para mí.
Gracias a lo mucho que me motivás (y a veces a
que te tengo un poco de miedo también) hice cosas que jamás hubiese creído
posibles.
Yo sé que a veces estás en la cordillera de la
razón, y a veces también te encuentro cuando cruzo del otro lado de la misma.
Sos más fiel que mi sombra.
Me gustaría ser mucho más de lo que soy, y tal
vez ser un poco más compatible con vos en algunas cosas. Ser más sociable por
lo menos, no la cosa impresentable que soy. Sé que merecés mucho más de lo que
demuestro, y también sé lo mucho que me esfuerzo por cambiar (aunque no se note
tanto). Quiero ser el hombre de tu vida, estar cuando me necesites, hacerte
feliz y poder compartir siempre las cosas más lindas del mundo, como lo es tu
sonrisa... no sé cómo hacés, pero a veces me doy cuenta cuando sonreís de solo
verte los ojos.
Ojalá tengamos hijos y sean inteligentes,
hermosos y buenos como sos vos. Por ahí yo les podría aportar un poco de no
ponerse de mal humor salvo por el peronismo, pero en el resto de las cosas que
salgan a vos...
Gracias por confiar en mí y darme tantos meses
de alegría y dicha, ojalá siempre esté a la altura de una mujer tan brillante
como lo sos vos.
Siempre te voy a apoyar y siempre voy a creer
en vos, porque vos me enseñás todo el tiempo el valor de un montón de cosas,
incluso de mí mismo, y también me gustaría poder hacerte apreciar lo fabulosa
que sos vos, íntegramente.
Te recontra mega súper-amo, Sabrina <3
Con cariño y mucha honestidad, Fede.


Chabón, alto post. Les re deseo lo mejor y me re alegro por ustedes dos. Ya quiero conocer a sus hijos y filmar mientras vos y Sabri les enseñan a prender fuego un patrullero
ResponderEliminarJajaja, gracias, y también a quemar banderas.
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